VI CAZUELA MANANTERA
Después de un parón de dos semanas, por distintos motivos, reanudamos las cazuelas de La Lanza este pasado Jueves 31 de Marzo con la rutina de costumbre: uno dice de hacer las compras, otro lo ayuda y al final todos nos juntamos y hacemos cosas.
En esta ocasión, el hermano Miguel Salas fue quien tomó la organización de ésta y, cómo no, todo estuvo listo a su hora. Decir que en esta ocasión la asistencia fue menor que otras veces, algunos no pudieron venir por estar fuera de Puente Genil, otros estaban aún resentidos del “cansancio con coca-cola” del fin de semana…, no obstante, el número de hermanos allí congregado fue capaz de llenar una mesa bien larga.
Contamos con la presencia de Miguel y Rafa Salas Estrada que disfrutaron con nosotros y viceversa de los platos que, con el mismo cariño de siempre, se sirvieron en la mesa.
El previo a la Cazuela fue como otras veces. Hay preguntas perpetuas: ¿cuánto de esto?, ¿cuánto de lo otro?, ¿cuántos vienen?... Y todo se resuelve siempre igual: mejor que sobre a no que falte. Así los paquetes de mini-croquetas, los 5kg de papas, los chorizos, la docena de huevos, la morcilla, la butifarra, aceitunas, patatas fritas y cogollitos berrales con su ajito quitaron las hambres de los asistentes.
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Si hay preguntas que se repiten, también hay personas que repiten siempre. Mario repitió friendo patatas y haciendo huevos, Emilio repitió preparando los ajitos para los cogollos, Migue, Velasco y yo repetimos pelando 5kg de patatas (que pronto se dice) y otros repetían la tapita que iban cogiendo en la cocina mientras los demás hacía de improvisados cocineros.
Se dice en nuestro pueblo que el hecho de beber vino en los cuarteles es porque éste es un vehículo que transporta los sentimientos desde lo más profundo de nuestros cuerpos hacia afuera mediante abrazos, palabras, etc. pues igual sucede con estas Cazuelas, son un vehículo para las charlas mananteras, máxime si nos acompañan dos grandes y buenos mananteros. Con Miguel y con Rafa charlamos en todo momento de cosas de la Semana Santa, que es lo que nos gusta, y, por supuesto, seguimos aprendiendo con ellos.
Como no habían venido antes estos dos invitados, la impresión que se llevaron fue la de “ojú qué bien os lo montáis”, por la organización que vieron, que en un momento de nada estaba todo recogido y los cuellos largos en la mesa esperando sus piedras de hielo, su bebida espirituosa y su refresquito.
Nuestros invitados se fueron relativamente pronto, en tiempo no lo sabría decir pero en cantidad de cubatas sí: uno, y allí nos quedamos los demás hablando de cómo iba el Salboherejo, de invitados, de lo poco que queda, de que, como dice Chiki ,“ya está todo pasado”…
Alrededor de las tres de la madrugada se echó el candado al grupo y nos fuimos cada uno a su casa sabiendo que algo muy bonito pasaría ese sábado y nos quedamos cortos porque ninguno hubiera pensado en ningún momento las muchísimas cosas muy bonitas de ese Sábado de Pan y Peces.
Permitidme que esta vez cierre la crónica lanzando un ¡¡VIVA PUENTE GENIL!!
J.S.P.