5º Sábado Cuaresma (Salboherejo)
QUINTO SÁBADO EN LA LANZA
¿Qué quieren ustedes que les explique?
¿Que les dé mi visión del quinto sábado en La Lanza?
¿Qué les cuente con detalle lo que ocurrió entre esos tabiques?
Pues lean ustedes con calma,
que hasta la noche y desde muy de mañana,
allí vaciamos nuestros vasos, y nuestras almas.
La cita no era a las nueve de la noche en el grupo, sino a las dos de la tarde. El motivo, el salmorejo que desde hace ya algunos años se viene sirviendo en La Lanza un mediodía de Romanos, y que esta Cuaresma ha pasado del sexto al quinto. Es una comida especial, y talentosa, y que permite disfrutar de hermanos de otras corporaciones. El modus operandi es sencillo. Excepto algunos casos excepciones, es la propia corporación en su conjunto la que invita a mananteros que guardan de una forma u otra entrañable relación con nosotros, asegurándonos así que en la mesa no va a faltar ni calidez humana, ni calidad manantera. Y ahí me vi yo, después de varios sábados ausente y lejos de Puente Genil, rodeado de la gente que quería ver. No sobraba nadie, pero si faltaban algunos (va por ti Manolo S.), a los que se mentó y por los que se brindó tras las preces ofrecidas con respeto por nuestro querido, queridísimo, Chiki Prieto. Para asentar el vino, que ya desde los prolegómenos en la barrita regaba a borbotones nuestras gargantas,hubo tortillones de patatas con muchos huevos, empanadas de todo tipo, salchichas al vino, barreño de ensalá campera, jamón serrano made in Luis Márquez y más manjares deleitosos de cuyo nombre no quiero acordarme, que acompañaban al salmorejo que, en opinión de Paco Estrada, nuestro catador romano especialista en salmorejos, cada año sale mejor, menos espeso… Y es que no ha fallado desde la primera edición. Este sábado al mediodía disfrutamos en La Lanza de los sobrinos Salas cantando con su tío Rafa, del cofrade entrante y el cofrade saliente del Cristo, de los jóvenes del Imperio Romano, fieles a su cita con La Lanza, de los hermanos de la Sentencia de Edom, con un Rafa Ortega que nos dejo boquiabiertos al ofrecernos una poesía emocionante de su puño y letra que dedicó al Salboherejo. También hubo representación de las Negaciones, los Martirios, y los ya mencionados indirectamente, Botellón y Prendimiento (junto al cofrade, el cual nos regaló fotografías entrañables de algunos de los nuestros de niños, nos honró regalándonos su presencia don Alejandro Espejo padre, un “artista”).
El presidente cerró la comida, tras unos postres espectaculares que llegaron de la mano de los hermanos Cejas Estepa. Y entre la barrita y el patio del que solemos disfrutar en propiedad en la calle Guerrero, fueron cayendo los “cortafuegos” (qué grande es este, nuestro querido, Antonio García), uno tras otro hasta que sin comerlo ni beberlo, bueno si, lo segundo más que lo primero, dimos un paseo juntos que desembocó en el Pedrusco, donde nuestros invitados se reunieron de nuevo con sus corporaciones y nosotros pudimos disfrutar de ellas hasta la hora de la cena.
Llegó la hora del tapeo, y el presidente nos fue dando el toque de atención para que fuéramos volviendo a casa. La sorpresa llegó cuando dos evangelistas, Antonio José Ortega y Manolo Carmona, que rara vez (por no decir nunca) abandonan El Evangelio accedieron a venir con nosotros a La Lanza tras mucha insistencia por nuestra parte, arriesgándose ellos a recibir los cariñosos reproches de sus hermanos en la subida, a la puerta del Hospital. Nos obsequiaron con hermosas palabras y sabios consejos en el tapeo uno, y en la cena otro, y cantaron y se rieron como los que más. También disfrutamos de las meditaciones serenas de Rafa de Paz, hermano de nuestro hermano Carlos, y por ende, hermano nuestro también, y del torrente de alegría que supone tener en la mesa a nuestro querido José Baena, de la Espina, y como si fuera de La Lanza.
Tan bien estábamos, que cuando nos dirigimos a Jesús los Romanos ya habían subido hacía rato, pero lejos de apresurarnos, el presidente pidió calma y que disfrutáramos de la subida, que llegar arriba íbamos a llegar, que más daba antes o después. Paradas en calle Campanas y en la Concepción, como mandan los cánones nuestros, antes de enfilar la calle Aguilar hasta el naranjo de tío Fai. En mi caso, recuerdo un tramo de subida junto a Emilio y a Paco, cogidos los tres del brazo, recuerdo cómo Ángel no paraba de dar uvitas a diestro y siniestro, recuerdo a Luife Velasco marcando el ritmo con su alpatanera, y recuerdo, y no voy a olvidar, encarar la calle Amargura y la cuestecilla de Jesús con el brazo sobre el hombre de mi padre. ¡Cuán corto se queda uno cuando intenta explicar con palabras lo que solo se capta con el corazón! ¡Qué sensación haber nacido en Puente Genil y haberme rodeado de quién me he rodeado!
Cada subida de cada hermano, ese justo momento, merecería su crónica, pues se siente tan especial, embriagados por el vino, por los abrazos, por la muchedumbre de todo un quinto sábado, que subes en volandas y andas como en un sueño. Al menos así lo tengo yo en la cabeza, como un sueño.
Ya en el Pórtico, coincidimos con los hermanos del Beso de Judas, y formamos durante unos minutos un solo cuartel, unidos por la letra del conocido Batido. Hechos los rezos pertinentes, vuelta al grupo, algunos por la calle Tintor (con fotografía para el recuerdo en el número 30), y los más arriesgados atravesando los peligros de la calle Aguilar, para encontrarnos todos a las puertas de la casa de la Virgen de la Amargura y el Señor de la Humildad. Coincidimos allí con la Historia de Tobías, ¡pum el Pez! que nos invitó y también a las Virtudes, a acercarnos un poquito más tras abrir la verja y los acompañamos, y ellos nos acompañaron a nosotros, en su particular homenaje de cada sábado a su titular. De ahí para abajo, y otra imagen que no se me va de la cabeza, y que se repite una y otra vez, la calle la Plaza, sola, entera para nosotros, ocupándola entera La Lanza, desde el primero que ya va girando prácticamente en Los Frailes, hasta el último que acaba de hacerlo dejando por unos momentos el azulejito atrás.
Sobre las una y media de la noche, fuimos llegando al grupo. Más canticos, más palabras acertadas, más emociones y un hermano pequeño presentando a su hermano mayor. De Jiménez Aznar a Jiménez Aznar. ¿El porqué? La pata de pan y peces era para Juanki, merecidísima, y así lo demostró la tremenda ovación que suscitó cuando se levantó a recogerla con la sonrisa de oreja a oreja, tras darle un abrazo a su hermano Lalo, que en realidad era un abrazo a toda La Lanza. Y sus palabras, tras desenganchar ese trocito de madera tan simbólico, salieron de muy adentro, entrecortadas por la emoción, con parones que mostraban la verdad de lo que estaba contando. ¡Daba gusto ver a Juanki tan emocionado, tan feliz!
David concedió diez minutos más para algunos cantos formales aún en la mesa, antes de invitar a todos los presentes a tomar una, o diez copitas / cortafuegos. Fueron algunos los que se marcharon a cumplir con sus obligaciones de “casados” o de “solteros”( que el quinto sábado da para mucho), otros, que tras un largo día, cogieron el camino directo a casa, pero los más se quedaron allí, intentando que un Sábado tan especial no acabara nunca.
Por lo que me cuentan, hubo jaleo del bueno hasta bien entrada la madrugada, y muchos se llevaron puestos para casa unos huevos fritos especialidad de Javisan, o Sanjavi.
Así recuerdo yo este Sábado de Romanos de Pan y Peces, del que mis ojos, mi mente, mi corazón y mi alma, y desde el domingo también mi estómago, dan fe. Y ruego perdonen los olvidos y errores de memoria que este escriba hubiera podido cometer.
¡Viva La Lanza! ¡Viva Puente Genil!
AntonioJOP